sábado, 2 de mayo de 2026

Terciopelo

 

No se puede ocultar esta verdad del mundo.

Que cuándo solté tu mano,

liberaba mi deseo de un ancla muy pesada.


Sin un miramiento,

me di a los hombres 

que embriagan con su presencia.


Aleteé mis pestañas 

y atravesé carne con las pupilas.


Soy mi nueva amiga, 

y me perdono cualquier pecado cirenaico

o descuido de victimario.


Los pétalos escalan mi piel

hasta llegar a tus labios de llamas.


Y cuando éstas se apagan,

realmente quedan las brasas suficientes

para pasar el resto de la noche sola.


Porque ante todo, estoy aquí.


Qué no se me olvide jamás.