Ya intuí, entre las cortinas del sentir,
el vacío que dejarías con tu marcha.
Ya notaba en mis entrañas,
que estaba hecha de otra pasta.
Ya supe, desde el principio,
que se trataba de un caso excepcional.
Y aún con ello, comprobar la naturalidad
de mi arraigo a esta soledad,
se siente como un abismo infinito.
Por ello me refugio en los momentos fugaces,
en la libertad de mis amistades,
en los lugares donde sólo puedo escuchar mis pensamientos y el murmuro del universo.
Porque cuando oigo el dulce timbre de tu voz,
sólo puedo pensar en lo que perdería si volviese a perderme.