martes, 2 de septiembre de 2025

Asesinato en tres actos

Los labios sellados,
conteniendo océanos.
Nada de lo que dijese encendería la llama de tu interior.
Lo sé porque ya lo intenté miles de veces.

Mi corazón ya no es hogar de nadie.
Cientos de pensamientos bloquean la puerta 
y yo espero sola, en la esquina de esta habitación que se derrumba.

Si no hay sentido en el eco de mi angustia,

si ya no me reflejo en tu mirada,

si las estrellas de nuestra noche migraron hace tanto,


Sólo queda observar el vuelo de los pájaros

y al reloj marchitarse.


Qué tu silencio sea nuestra tumba,

y el deseo nuestra condena.


Si así lo quieres, que así sea.





-





Por fin llegó la lluvia,

y con el sol, dibujaron un arcoiris precioso.


Como un cuadro renacentista, 

esas vistas maravillosas acompañaron a la puñalada que ese día recibí.


Un suspiro y todo el dolor desaparecía.

Ya no te odio.

Ya no te deseo.

Ya no me dueles. 

Ahora sólo te quiero.




-




Me giré sobre mí misma, 

enfrentándome al dorado amanecer de la esperanza. 


Cogí una bocanada de aire y el segundo impacto golpeó mi pecho con la fuerza de un cañón.


Me susurraste al oído que, a quien amé tantísimas noches, era sólo un fantasma.



Todas las luces que vislumbré en la lejanía, que tantas veces tildaste de locura, eran faros entre la niebla de tus palabras.



Faros que me conducían a la única respuesta que necesitaba: que ya no me anhelabas.


  

Ahora te miro desde el frío del cemento,

preguntándome por qué me hiciste esto, si tanto me querías.


La respuesta se refleja en los dientes de una bestia desconocida.


Me arrebataste todo y ahora me obligas a mirar.


No me pidas más,

que ya no me queda nada.






domingo, 27 de julio de 2025

Backroom


Tras tanto tiempo vagando entre la niebla, 

buscando un murmuro que me guiase a casa, 

entendí que sólo me tenía a mí misma.


Sin la luz de tu amor,

Sin el mapa de tus palabras,

Sin el cascabel de tus caricias,

estaba totalmente perdida.


Arrodillada en la tierra mojada,

notando la lluvia sobre mis lágrimas.

La única manera de salir de aquel laberinto era, una vez más, aceptar.


Acepté que, a mi lado, tus miedos nunca verían el amanecer.

Acepté que, quizás, tenía más razón de la que quería.

Acepté tu silencio hasta el absoluto final.

Acepté que liberarme, era liberarte a tí.



Continúo en la niebla,

Vislumbrando el halo de las farolas

que señalan el camino de vuelta a casa.





sábado, 15 de marzo de 2025

El Misterio



Me pregunto qué calor te ofrece 
el cuerpo vacío 
que una vez fue cobijo nuestro.



Cuáles son tus verdaderos pensamientos
sobre el frío de nuestros besos,
sobre el recuerdo de las ventanas
húmedas después de tanto amor.



Me pregunto si añorar el fuego,
nuestro antiguo compañero,
no te vuelve loco en tu soledad.



Me pregunto por qué me castigas,
una
y otra
y otra vez,
con esos largos silencios 
entre mis verdades y mis suplicas.



Yo también intenté castigarte,
pero siempre pierdo ante la esperanza.

La esperanza de que me dejes libre,
La esperanza de que me entierres con tus palabras.
La esperanza de que me quieras como necesito.



Me pregunto 
Si no tienes miedo a morirte así de triste.
Yo sí lo siento.




Qué misterio
eso que empuja el motor de tus anhelos.
Espero que algún día vean la luz del sol
y tú tomes una bocanada de aire fresco.








viernes, 24 de enero de 2025

Las segundas partes.

En el último de los instantes, 
antes de que la espada rebanase
la cabeza de su amada estatua, 
gritó que su vida no sería nada sin ella.

Cantó todas las sucias verdades que ocultaba, 
con tal belleza,
que la escudera quedó embrujada.

En ese preciso momento,
el caballero se convertía en dama.
La valentía del amanecer
ahora daba paso a la muerte del alma.

Cerró la torre y abrazó el frío de su cama.

Una vela encendida en su ventana,
esperando una vez más, 
que su profundo amor curase todas las heridas.
Que el tiempo no significase nada,
mientras el brillo de sus ojos se marchitaba.

No era el roce que ella suplicó en antaño.
No existía el hombre con el que soñó durante una decada.
No había del amor que ella predicaba.

Ahora que había mostrado el filo de su espada,
el silencio se disipaba,
sin saber que,
las palabras que nacen del miedo,
no valen nada.

Había muerto la confianza.

Ni lloró ni suplicó más.
Sólo se quedó mirando a través de la ventana.





Ahora la estatua era ella.