conteniendo océanos.
Nada de lo que dijese encendería la llama de tu interior.
Lo sé porque ya lo intenté miles de veces.
Mi corazón ya no es hogar de nadie.
Cientos de pensamientos bloquean la puerta
y yo espero sola, en la esquina de esta habitación que se derrumba.
Si no hay sentido en el eco de mi angustia,
si ya no me reflejo en tu mirada,
si las estrellas de nuestra noche migraron hace tanto,
Sólo queda observar el vuelo de los pájaros
y al reloj marchitarse.
Qué tu silencio sea nuestra tumba,
y el deseo nuestra condena.
Si así lo quieres, que así sea.
-
Por fin llegó la lluvia,
y con el sol, dibujaron un arcoiris precioso.
Como un cuadro renacentista,
esas vistas maravillosas acompañaron a la puñalada que ese día recibí.
Un suspiro y todo el dolor desaparecía.
Ya no te odio.
Ya no te deseo.
Ya no me dueles.
Ahora sólo te quiero.
-
Me giré sobre mí misma,
enfrentándome al dorado amanecer de la esperanza.
Cogí una bocanada de aire y el segundo impacto golpeó mi pecho con la fuerza de un cañón.
Me susurraste al oído que, a quien amé tantísimas noches, era sólo un fantasma.
Todas las luces que vislumbré en la lejanía, que tantas veces tildaste de locura, eran faros entre la niebla de tus palabras.
Faros que me conducían a la única respuesta que necesitaba: que ya no me anhelabas.
Ahora te miro desde el frío del cemento,
preguntándome por qué me hiciste esto, si tanto me querías.
La respuesta se refleja en los dientes de una bestia desconocida.
Me arrebataste todo y ahora me obligas a mirar.
No me pidas más,
que ya no me queda nada.


